¡Buenas noches! Que le vaya bien

Había sido una semana con un contenido poco relevante. Caminaba, como lo estaba haciendo desde hacía unos meses.

Paulatinamente fui dándome cuenta de algo muy peculiar. A lo lejos, pero lo necesario como para distinguirlo, se acercaba un señor regordete, con uniforme de trabajo, moreno y con anteojos, pelo desaliñado con canas, cabellos grises y negros también.

Con un caminar cansado. Desde que recuerdo, casi siempre lo he encontrado en la misma calle, él, más cerca de su casa y yo, todavía con camino por delante.

Lo que nunca ha faltado en cada encuentro es el saludo y despedida. Nunca hemos conversado, no sabe mi nombre y yo desconozco el suyo, pero no es necesario.

Tal vez llegue el día en que nos detengamos y conversemos. Tal vez no llegue ese día, a lo mejor sigue el misterio, así como sigue siendo el mismo camino.

Por situaciones diferentes, por la vida misma, se desvanecerán los encuentros, casuales y espontáneos, pero quedará en mí memoria el recuerdo de el señor que en estas épocas, aún saludaba. Buenas noches.

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