Luz
El olor a piel tostada por el sol de la mañana, se impregna en el sudor leve que ha brotado de tus poros. La sangre que circula a través de tus venas hacia todas la partes de tu cuerpo, hace que el oxígeno que respiras, vaya y llene tus pulmones y no te haga perder el aliento.
Esas conexiones electromagnéticas al tocar la piel, hacen que los nervios impulsen esos músculos ventrales, causando que ambos nos dejemos llevar hasta que el paseo dérmico se haga una estadía de sudores, alientos y convulsiones.
En el rellano de la puerta se ve la luz que acompaña tu oscuridad y la música llena el ambiente exhalada de tu boca que conecta con la mía.
Mientras tanto, mis dedos se sumergen con tus manos y la piel que ha sudado, resbalando levemente a través de tu espacio infinito.
La luz matinal nos inunda de una claridad excepcional y sí, la noche ha pasado y los minutos con sus horas, y por ese sol abrasante, siento tu piel tostada de nuevo.

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