Anécdotas sin cronología

Anécdotas sin cronología

La fruta sobre la mesa, maduró pronto.
Una manzana se pudrió.
La canción que me eriza la piel, acabó.
Una mirada me hizo dar un guiño o me guiñó para mirarla.
Unos labios que piden un beso, un silencio que lo espanta y sólo queda aguantarlo una vez más.
Una palabra que hace recordar tanto.
Una gota de sudor que atraviesa un campo de luces y lunares.
Un puñado de aves que surcando el cielo, dejan el parque.
Pecas que en ciertos escotes distraen a todos o las pecas son lo de menos.
Ese libro que hizo dejar la lámpara encendida.
Viajes y promesas que se postergan.
Desespera esperar el autobús.
El calor del alquitrán, que a la distancia distorsiona tu figura.
Cambia la luz del semáforo.
Hace horas fue la hora de salida.
Despierto y apago la luz de la lámpara.
Otro día y vamos.
El mercado que no he visitado.
El resfriado que no descansa ni deja descansar, el muy maldito.
Dos manos ajenas que se toman por propias.
La noche que eleva el misterioso deseo de estar.
El día que amenaza con acabarse.
Empezar a trabajar, saludar y ponerse al tanto.
Hacer los pagos de cada mes.
La señora que se cuela en la fila del banco.
Otro libro que termino y regreso a repetir su final, entre mis manos.
Esa luz que deslumbra, luego de tanta oscuridad.
Tener que pedir azúcar para el café, aunque no la use.
Y el incesante sonido de tazas y cucharillas sobre las mesas.
Besos que se arrepienten,
otros que ni se antojan.
Abrazarse por apariencia o
cualquier excusa para abrazarla.
Y la «friend zone» que ya está sobrepoblada, no cabe ya un alfiler.
Repetí la canción porque sí.
Ese trago tal vez te caliente el corazón.
Ir a leer el periódico que ya leí y escuché, que no me gustaron, sólo ha sido para saber.
En el cine, una película ambientada en África, se exhibe a mediodía, sin aire acondicionado.
Llegar a casa a dormir y hacer todo, menos eso, ya hay que levantarse.
Sale el sol y ver que pase cada segundo otra vez o por vez primera.

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