"A los señores..."

domingo, 20 de diciembre de 2015


"A los señores..."

"A los señores María Elena y Álvaro -que no soy yo-, se les indica que su hijo (que no recuerdo su nombre, aunque lo seguirán mencionando), se encuentra en administración". Se dejaba escuchar a través de las bocinas, que interrumpían la música ambiental de la temporada navideña, que se sabía que se detenía para anunciar que el niño estaba en la administración del centro comercial.

"A los señores María Elena y Álvaro..." sonaba otra vez, mientras tanto, yo aprovechaba el tiempo y disponía del suficiente para beber un café y sentarme a leer algo, en medio de tantos murmullos y gente desconocida que deambulan incesantes por donde me encuentro y de pronto..."A los señores María Elena y Álvaro..."

Me da por interrumpir la lectura y sonreír de manera burlona y pronunciar a quien escuchara: "lo dejaron olvidado...que vengan mañana a recogerlo"

Proseguí en la línea que dejé en pausa, que dicho sea de paso, estaba muy interesante. "A los señores María Elena y Álvaro...". Desde el tercer llamado que pude notar, no me quedó de otra que imaginar los posibles escenarios del olvidado niño.

Que tal vez sea su único hijo y hayan ido de compras para gozar de unas fiestas tranquilas y con abundante comida y obsequios, podría ser uno de ellos y junto a ello, las constantes -qué caro está esto;  bajate de la carreta, caminemos,- diría su madre, a lo mejor.  Atolondrados para ver si llevan todo lo que pagaron, que no se nos olvide nada. Entre bolsas, cajas y envoltorios, personas igualmente atribuladas al entrar o salir para comprar o pagar el boleto del estacionamiento y en una de esas... el niño, seducido por la algarabía navideña, se desprendió de sus padres, que al parecer, no se han dado cuenta de su infortunado extravío.

De nuevo, pienso en la edad del niño "¿Qué edad tiene?" y a la vez digo: ¡Qué niño tan pendejo! que se sabe los nombres de sus papás, pero no sus números telefónicos...me corrijo:  ¡Qué papás tan idiotas! 

Otro escenario que imaginamos con una persona igual de sorprendida que yo, que únicamente lo fueron a dejar ahí, cansados de sus berrinches, mientras reíamos..."A los señores María Elena y Álvaro..." sonaba interminablemente la voz distorsionada desde la administración.

Si bien es cierto que es un tema serio la pérdida o extravío de un niño, no puedo imaginar cómo pueden dos adultos, responsables de sus hijos, perderlos de vista por estar pendientes de otras cosas, siendo su hijo, -espero-, el motivo por el cual fueron de compras.

Regreso a leer otro poco mientras tomo otro sorbo de café. Veo la hora y al parecer ya fueron a buscar a su hijo. Siento alivio por el momento. "A los señores María Elena y Álvaro..." No, ¡aún no lo han ido a buscar! ¡No jodan!, pienso. En ese momento, hasta llegué a imaginar que se habían ido sin él.  Pensando que las compras lo habían dejado exhausto y se dormiría al entrar al carro, claro, si iban en carro.

Se me hacía tarde y me dirijo hacia la salida, esperando no volver a escuchar ese anuncio. Aún tengo duda si sonó de nuevo y no escuché -o ignoré- el insistente servicio social. Un poco molesto por la estupidez humana, de dejar de darle prioridad a quien realmente importa.

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