Humanidad

domingo, 15 de noviembre de 2015

Humanidad

Ante el inminente temor que nos acecha, la paranoia se vuelve parte del contenido de nuestra mochila de viaje que hacemos día tras día.

Vislumbramos el éxito rotundo de la humanidad para repetir las cosas, los hechos y las decisiones que han hecho perder el concepto y por lo tanto la definición de la palabra "humanidad", para volverse una palabra carente de significado.

¿Acaso somos los seres más condenados en la vida de este planeta?

¿Somos el hazmerreír de supuestos titiriteros que manejan nuestras situaciones y movimientos y estamos obligados a seguir la inercia de esos hilos morbosamente manejados?

¿Tenemos la memoria apagada, los sentimientos encontrados y la sensibilidad frígida?

Abstrayéndonos en un mundo fantástico, irreal, irracional, pero posible, gracias a la delegación de responsabilidad que hemos sembrado y cosechado. Huyendo de vivir, de sentir artificialmente que cooperamos como humanos, que sentimos y que para ello se necesite de los quince minutos de fama, -muy bien medidos por Warhol, por cierto- y que nos colocan un halo de celebridad. Queremos ser seres humanos, sin serlo. Somos dispensadores automáticos de defectos con patética perfección, cual filtro de instagram. ¿Víctimas de la moda? A menos que ella sea estar en guerra constante, no le veo ninguna ventaja evolutiva, científica o tecnológica.

Nos ensañamos en contra de la cultura, el color de la piel, la religión y demás diferenciadores, en lugar de enseñarnos mutuamente que esas riquezas son eso, engrandecimiento de la humanidad. Lo hablo en primera persona del plural porque no me afecta solamente a mí, sino a todos.

Han pasado 100 años desde el detonante de la otrora llamada Gran Guerra y las circunstancias y consecuencias que ella generó, poco han cambiado. Seguimos siendo víctimas de la intolerancia y repetidores de la historia. Tampoco queremos ser los victimarios de nuestra propia especie, pero nos ha llegado el momento de enfrentar esa tarea que hemos dejado pendiente sobre la mesa, esa tarea, esa responsabilidad de hacer lo que a cada uno de nosotros corresponde.  Libramos batallas internas diariamente, enfrascados en una burbuja virtual, dándonos la sensación de estar unidos, de ayudarnos, de colaborar, de participar, en fin, de sentirnos útiles. 

Entonces es el momento preciso de levantar la mirada, incorporarnos y enfrentar esa realidad que a cada minuto se va diluyendo y se consumirá por completo si nos comportamos con total indiferencia ante cualquier cosa que nos dañe y no deseemos saber.  

Está en la humanidad rescatar su significado.

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