Imaginación
sábado, 23 de diciembre de 2017
Imaginación
Últimamente ha hecho mucho frío durante todo el día, pero duele más por la mañana. Las calles están vacías de personas con las cabezas levantadas, así que se puede pasar desapercibido y deambular tranquilo por ellas.
Se sobrevalora y se subestima a la soledad, pero muy pocas veces se es objetivo con ella. Debe apreciarse sutilmente y valorarla como lo hacen los niños, muchas veces, antes de ser bombardeados con que es dañino estar solo.
Aquí, como en muchas partes del mundo, la pobreza cala a cada persona de manera extraña; puede ser brusca o suavemente. Nos enseñan sin decírnoslo, que la imaginación entra en peligro de extinción en la pubertad y que después todo es: «no tengo tiempo, estoy ocupado» y ya no persigue lo que se quería ser y hacer de grandes.
— Mientras muchos se apresuraban para llegar a tiempo a sus trabajos, un niño de unos diez años jugaba muy concentrado en lo que parecía ser un caso extraño y actual de un niño con imaginación. Su acompañante, un carrito improvisado con una botella plástica, un par de varillas de metal unidas a unas taparroscas, semejando las ruedas de su juguete. Tiraba de él con una pita pequeña de nylon. Usando un resbaladero de concreto, subía en sentido opuesto sin usar las gradas y bajo su brazo, su carrito. No tenía a quién aventar el carro, perdería tiempo o el carrito si lo hacía así, entonces se resbalaban juntos.
Podría parecer triste. Estaba solo, jugando solo. Corriendo, resbalando, imaginando solo. Usando un pantalón sucio de lona, muy muy corto, no le cubría ni siquiera los tobillos, una playera y un suéter rotos. Podría parecer extraño, ya que se puede pensar que el niño debe de tener unos cinco, seis o más hermanos, en pésimas condiciones o las menos favorables. Tampoco se veía que trabajaba o que lo fuera a hacer después de jugar. Pero puede ser posible cualquier cosa. Únicamente espero que ese niño siga usando su imaginación, por las casitas de lámina, donde convergen los rieles del ferrocarril, el asfalto y los asentamientos.
A mí me agradó ver que aún hay imaginación esparcida en cualquier lugar, que en la niñez brota casi espontáneamente si se le da la oportunidad. Recordé cuando no obtuve el juguete que quise de pequeño y decidí dibujarlo y jugué con mi imaginación mucho tiempo.
La felicidad se nos presenta de muchas formas, tarde o temprano, temprano o tarde. Que primero tenemos que abrir nuestros ojos y estar atentos, a veces no queremos ver, pero un día se nos puede pasar, la niñez, la imaginación, la felicidad y la vida.

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