Son esos días
jueves, 18 de febrero de 2016
Son esos días
Hay días que nos parecen mejores que otros; más alegres, más coloridos, pero al final, te das cuenta que no es la forma en la que vengan, con qué sonido o color, porque vienen exactos al día anterior. Con lluvia, con vientos frescos, noches de cielos despejados, pero son iguales, unos segundos más, unos segundos menos.
¿Por qué echarle la culpa al día? Nosotros hemos venido reuniendo las causas de lo que tenemos ante nuestros ojos.
En fin, hoy ha sido uno de esos días en los que la gracia solamente pasó a saludar un momento y se fue. Dijo que vendría más tarde.
El clima tropical hace maravillas con mi salud; pasar de tos a gripe y de gripe a tos y fiebres en cuestión de días. Frío matinal, calor infernal, lluvias dispersas y noches aún más heladas que la madrugada.
Todo parece extrapolado de la película: «El día de la marmota» - cuyo nombre original no recuerdo-. En donde los días llegan a uno en especial y se repite ese mismo día, todos los días en una espiral incesante.
Así han pasado varios días. Afortunadamente, no se repite, únicamente se parece.
Es una pesadilla el hecho de saber que al salir del trabajo, te toparás de nuevo con los mismos rostros y las invariables pláticas acerca de... «¡Qué colas vos!; ¿Qué pedimos para comer mañana?; ¡Ya mañana viernes!; y otras conversaciones sin rumbo y cuando te das cuenta ¡Ya es tarde! Y no hay modo que fluya el tránsito.
Imaginamos escenarios fantásticos que se escabullen en los laberintos de la mente cuando te vence el letargo de la tarde y el sol agonizante inunda tu vista con su último fulgor del día.
Pasando los días haciendo escalas en esos islotes llamados centros comerciales y aprovechar el tiempo pagando cuentas, comprando algo o simplemente tomándose un café que te ayude a discriminar el ruido callejero y echarle un ojo a ese periódico colocado en la barra del café. Y ya se hizo de noche y las estrellas fulgurantes, brillan sin pena ni gloria, opacadas por las luces de todos los vehículos y comercios y postes de alumbrado público. Sigue la letanía. Hay que llegar a la casa. ¡Hay que llegar a la casa! ¿Hay que llegar a la casa?
Bueno, ya yo imaginé algunas variantes del día. Tiene que venir un catedrático, tengo hambre, sueño y ganas de irme; mientras tanto, espero.

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