Ventana empañada

domingo, 8 de noviembre de 2015

Ventana empañada

Toma mi mano y
crucemos el camino.
Sin miedo a tropezar,
que la inercia de la velocidad
nos empuje a hacer eso que nos detiene.

Los mismos miedos que no nos dejan 
acelerar el proceso.
Sigamos haciendo más delgada aún
la línea del miedo que nos separa, 
que nos aleja de cumplir el deseo embriagador
de fundir nuestros cuerpos 
y cumplir el mutuo recorrido
con la intención de sentirnos en una sola materia,
una única sensación.

Y esa misma ventana que nos aísla de la tempestad, 
no perturbe nuestra libertad de poder respirar el mismo aire.
El mismo aliento.

Nos aislamos el uno del otro,
tan cercanos.
Muerdo tu boca una y otra vez
en un desvarío lamentable,
porque corre el rumor y el riesgo
de nos volvernos a encontrar,
sed y ansias y
el temor y el deseo recurrentes
que se presentan en cada oportunidad,
con cada mirada, cruzar miradas 
y el valor que se ausenta 
de manera inesperada y
de pronto,
una señal, 
que sin articular palabra alguna
nos sujetamos lenta y 
apasionadamente
vayan cayendo los miedos 
por la vertiginosa rendija
de la ansiedad acumulada
en la ventana empañada.

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