Los niños del semáforo: Dulces y limpiaparabrisas.
Con la afluencia vehicular en aumento, parece que nos daríamos cuenta, pero no lo considero así. Tengo más tiempo para observar, para vigilar, para darme cuenta. Darme cuenta de que no nos damos cuenta, que no observamos. Que ignoramos.
Cada día, quienes se dirigen a sus respectivas labores, van enfocados en llegar y terminar la tarea pendiente y que las ventas sí aumenten este año, habiendo dejado el café de la mañana a medias en la mesa y percatándose de ello cuando preparaban uno en la oficina. ¡Dejé mi café en la casa!
¡Y éste qué me bocina!
-¡Pasá, don cerote, pues! Que ya te di vía, digo, te metiste
"Yo, si fuera alcalde de Guate, dejaría de chingar los semáforos." Piensa la mayoría mientras el agente agita su mano en un vaivén imparable. ¡Yaaa, da vía!
"No, papa" ¡ya me mojaste con jabón! Dale, pues.
¿De dónde salen tantos güiros? Se pregunta alguno mientras le quitan el jabón del parabrisas.
¿Por qué tienen hijos, pues? Le pasa esa pregunta por la mente. Ve, allá están dos vendiendo chicles. A como va el semáforo, se van a acabar el producto en un cambio de luces. Lo dice en forma irónica. Ah, bueno, al fin se puso verde o mejor dicho lo pusieron. ¡Vayan a joder a su madre! lo dice, seguro de no haber sido escuchado.
Del otro lado del vidrio, el vendedor con su carita pintada a manera de simular un payaso tiene hambre, sed y frío. Espera comida caliente y abrigo. - Guardá el teléfono, que te lo van a quitar.
-Si no estudiás, vas a tener que venirte con ellos.
Volviéndolos escuela y castigo y no llegar a comprender su hambre. Hambre de cariño y no de explotación muchas veces por sus progenitores, quienes muchas veces los "alquilan" para mantener parásitos y siendo esclavos en pleno 2019.
No hace falta ir a los lugares más recónditos del país o de la misma capital. Hace falta observar detenidamente y comprender a esta Guatemala que está tan cerca de nuestros ojos que no distinguimos o no queremos hacerlo porque "qué triste, vos. Hablemos de los convivios que vienen, mejor y no digás que no". Sentencian los demás y el tema pasa a otro plano, profundo.
Esa esclavitud existe y no es la única. No se esconde, se expone a plena luz del día, también por la noche
Bueno, ya tengo que entrar a trabajar, lástima por los patojos, aquel me dejó bien limpio el vidrio del carro y más barato que en aquel carwash. Buenos días, jóvenes. ¿Vieron el partido? Estuvo bueno. Alguien se estacionó como su cara y no podía parquearme. Bueno, empecemos a trabajar pues...
¡Qué colas! ¡Dejá de bocinarme! Sí, cuando vuele podré pasar, imbéciles. Tarea rutinaria. Despertar, respirar, trabajar, dormir. Adiós.

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