Lo que omitimos

Acatenango, el volcán con el cual finalicé el año, aunque también debo decir que el único que subí durante el 2019, ha sido una de las experiencias más exigentes que tuve durante el año que recién acabó. Después de muchos meses de inactividad física, fue una actividad sumamente retadora, más física que emocionalmente. Lo primero que sucede en la mente de alguien que tenía muchos años sin subir a otro volcán es pensar en lo difícil que será el recorrido, tanto de inicio como al descender del mismo.

No quiero que sea una anécdota de lo duro que fue para mí el ascender el Acatenango, sino mas bien de quienes hacen posible que muchas personas sin las condiciones físicas óptimas puedan llamar a ésto una experiencia extraordinaria. Hablo de los guías, esas personas que están allí, literalmente al pie del cañón.

Esos jóvenes que arriesgan su integridad para que todo salga como se planificó. Hubo quienes por la presión atmosférica, no tan alta, pero mayor a lo acostumbrado, se quedaban sin aliento y los guías ayudaban a cada momento con las mochilas, esperando, auxiliando y hablando con los caminantes. Por momentos, desaparecían de nuestra vista, pero al instante se encontraban adelante, dando ánimo a quienes íbamos subiendo y de nuevo se esfumaban. Subían corriendo muchos metros y sin ningún asomo de cansancio, aún cuando varios de ellos habían tenido lesiones anteriores en sus articulaciones, específicamente las rodillas.

Pensar, pensar, pensar. Durante el ascenso y el descenso son buenos y extensos momentos para reflexionar acerca de todo. Hay mucho sudor, sol, frío, hambre, sed y lo único que se quiere hacer es llegar, descansar, comer y dormir. Dejando de lado todo ello, uno llega a darse cuenta de todo lo que ocurre a pocos kilómetros de la ciudad de Guatemala. Existe una abismal diferencia entre los trabajos y las remuneraciones y no, no vengo a dar un discurso acerca de la bondad y maldad de las empresas o del gobierno de turno.

Es interesante, ya que ellos están preparadísimos para cualquier eventualidad, conocen el terreno como la palma de su mano, qué hacer y qué no. ¿Cuántos harían lo que ellos hacen por la cantidad que les es pagada? Todos tenemos necesidades aunque podría asegurar que conocemos a muchas personas o que no conocemos también, como políticos o gente haragana, que devenga un sueldo sin ganárselo debidamente. Me causa molestia, enojo, rabia o lo que sea, saber que haya personas que hacen sus actividades de forma tan apasionada, a pesar de no tener mucho y aún así ser los primeros en responder.

Espero que un día, no tan lejano exista la decencia y las oportunidades necesarias para que las personas que hagan bien las cosas, sean reconocidas como se debe y no sea como ha sido y con las personas incorrectas, solamente por razones políticas. Tampoco hablo de repartir lo de los demás, sino que cada quien haga lo que corresponda y se le dé lo que merecen. Se puede.






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