Tirofijo
Al momento de estacionar su vehículo, le hago una señal al taxista para que me llevara a mi destino un día de mucho tránsito. El sol picaba como si fuera mediodía, el carro era más pequeño de lo habitual y me dispuse a abordarlo.
Había algo en el conductor que me pareció extraño y se dio cuenta que lo observé. Mientras tanto, hablábamos del tránsito, del clima, de la vida, de lo que diera tiempo durante el viaje.
Sus ojos tenían un aspecto muy peculiar, con el pelo negro muy escaso y con un bigote pequeño también negro, su altura pequeña se podía sospechar a pesar de estar al volante. Usaba camisa de manga corta y pantalón formal.
A medio camino me contó que llevaba más de dos décadas al mando del taxi, que no iba muy bien con la cuota de los pasajes, tanto así que se había impuesto un horario restrictivo en el que, llegando a cierta hora de la tarde, se dirigía a su casa, para repetir la jornada temprano en la mañana siguiente.
Muchos años atrás, jugaba fútbol en un campo local un fin de semana él, sus amigos y vecinos de colonia cuando llegaron a los golpes y mucho más por desacuerdos. Después de cierto tiempo de riña, pasó lo peor, a un centímetro entre la vida y muerte, un disparo hizo que su ojo izquierdo quedara ocupando un espacio inútilmente.
Mi sorpresa al saber lo que le había pasado, surtió un efecto telepático en él, que sin preguntarle me dijo: Pero he manejado taxi después de ese accidente y no he tenido ningún problema de tránsito. Era cierto, el señor condujo correctamente durante el recorrido y no hubo ningún problema, no sé cómo le hacía para cambiar de carril, sin hacer un uso exagerado de movimientos cervicales, ni acercándose al retrovisor, ni asomar la cabeza. Haciendo un uso correcto los espejos y haciendo un mínimo esfuerzo en el cambio de velocidades, era sorprendente que no utilizara tampoco anteojos en el único ojo que le servía.
Tras el corto recorrido, llegamos a mi destino, le pagué lo que acordamos y me bajé. Por cierto, algo que me causó gracia y a la vez un asombro por la creatividad del mismo, fue el apodo que le pusieron sus amigos y compañeros...¡Tirofijo!

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